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Una situación frecuente

Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Cuatro tipos de temperamento: Cómo escuchar y aprender a comunicarse

Enviado por Manuel Gross el 29/02/2012 a las 11:20
Manuel Gross

  

temperamentos4.jpgAprendiendo a conectar con los demás

Por Rubén Alzola

Marca la diferencia

 

Andaba haciendo limpieza por casa hace unas semanas cuando me encontré con un libro aún sin leer. Tampoco es que sea extraño que esto ocurra ya que tengo la mala costumbre de comprar más libros de los que soy capaz de leer. Lo extraño era que no recordaba los motivos por los que lo adquirí (siempre suele haber alguno: una buena crítica, una recomendación, un amigo que no para de hablar de él, etc.).

 

“El secreto del éxito es creer absolutamente en uno mismo”

Dr. Crater

 

Total, que llamó mi atención y me dispuse a leerlo. Se trataba de “La gran conexión” de Arnie Warren al parecer un famoso presentador de la CBS americana. El libro había estado en el cajón de mi olvido durante casi diez años (se publicó en 2002). El libro, aparte de leerse de una sentada, me resultó interesante por el sencillo mensaje que encerraba: las personas se engloban dentro de unos estilos determinados. En concreto, Arnie habla de cuatro estilos: dominante, minucioso, influyente y estable.

 

El “cuatro” es un número bastante mágico y parece que desde la antigüedad se venía manejando una hipótesis semejante. De hecho, si consultáis la Wikipedia os encontraréis con esto:

 

“La teoría de los cuatro humores o humorismo, fue una teoría acerca del cuerpo humano adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los «físicos» (médicos) europeos hasta la llegada de la medicina moderna a mediados del siglo XIX.

 

En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores (líquidos), cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores.

 

Estos fueron identificados como bilis negra, bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas.”

 

Hipócrates clasificaba a las personas en: sanguíneos (las personas con un humor muy variable), melancólicos (personas tristes y soñadoras), coléricos (personas cuyo humor se caracterizaba por una voluntad fuerte y unos sentimientos impulsivos) y flemáticos (personas que se demoran en la toma de decisiones, suelen ser apáticas, a veces con mucha sangre fría).

 

Lo más interesante es que, según Warren, los cuatro temperamentos presentan una serie de rasgos de eficiencia y unos rasgos de ineficiencia (“nadie es perfecto” que decían en Casablanca).

 

Presento un rápido resumen de los rasgos que nos presenta Warren:

 

Temperamento dominante

Rasgos de eficacia

Rasgos de ineficacia

Directo y seguro de sí mismo

Presumido

Aprovecha los retos

Dictatorial

Competitivo

Brusco

Sin miedo al enfrentamiento

Discutidor

 Orientado a los resultados

Oyente difícil

 

Temperamento minucioso

Rasgos de eficacia

Rasgos de ineficacia

Pensador crítico

Perfeccionista

Orientado a los detalles

Excesivamente crítico

Discreto

Pocas áreas grises

Preciso / Exacto

Dificultad con los cambios

Resuelve problemas

Independiente y reservado

 

Temperamento influyente

Rasgos de eficacia

Rasgos de ineficacia

Personalidad sociable

Evita enfrentamiento para mantener la aceptación

Entusiasta

Exagera

Persuasivo

Exceso de entusiasmo

Comunicador

Habla demasiado

Optimista

Dificultad para concentrarse

Divertido

 

 

Temperamento estable

Rasgos de eficacia

Rasgos de ineficacia

Sabe escuchar

Muy sensible

Coherente

Pasivo

Leal / Defensor

Indeciso

Paciente

Reacio al cambio

Perseverante

Excesivamente tolerante

 

No hay temperamento mejor ni peor, o mejor dicho, somos como somos. Si bien me desagrada este determinismo que muestra el autor, lo cierto es que es fácil “sacar la foto” de muchos de nuestros compañeros, amigos y familiares con esta clasificación en la mano.

 

Sea como fuere, y no estando necesariamente de acuerdo con la hipótesis de los cuatro temperamentos, para mi lo más interesante es ver si es posible aplicar de alguna manera esta información.

 

Aplicar la escucha activa 

 

¿De qué sirven los estilos si no puedo aplicarlos?

 

Para ello, lo primero que propone Warren es determinar el grupo al que pertenece la persona en cuestión. Para ello necesitamos conocer a nuestro interlocutor en profundidad y qué mejor manera de hacerlo que escuchándole. Algunos consejos facilitadores que hacen posible la escucha:

 

  • Usar términos como “háblame de…” para iniciar la conversación. No usar preguntas y menos si éstas son cerradas. Una respuesta del tipo “si” o “no” no nos va a permitir aclarar nada del estilo o temperamento de la persona que tenemos enfrente.
  • Quedarnos con las palabras clave de la conversación que permitan relanzarla. Una palabra clave es una palabra sobre la que podemos usar el “háblame de…” y mantener a nuestro interlocutor hablando.
  • Mostrar interés por lo que dice tu interlocutor, asintiendo o usando inserciones breves del tipo “ah”, “vaya”, “entiendo, etc. Debemos ser capaces de pasar de la información general a la información personal.
  • Evitar interrumpir. Hacer pausas cuando termine una respuesta. Esto conseguirá en muchas ocasiones que el interlocutor reanude la conversación de motu propio ante el silencio.
  • Resumir la información que él mismo te ha proporcionado para validarla y asegurarnos de que lo hemos entendido bien.

 

Empatizar con los rasgos temperamentales de cada tipo 

 

Con todo lo anterior debemos reconocer el estilo de nuestro interlocutor y recordar los rasgos de eficiencia de ese estilo. Si queremos conectar con esa persona debemos adaptar nuestra forma de actuar para:

 

  1. Reforzar sus rasgos de eficiencia y hacérselo saber con comentarios del tipo “veo que usted…”, “por lo que veo usted es de los que…”. Si se trata de una persona dominante déle lo que espera recibir: respuestas rápidas, sin rodeos, etc.
  2. Eliminar los rasgos de ineficiencia. Cuando la gente se siente incómoda es propensa a mostrar los rasgos menos eficaces. Céntrese en reforzar los eficaces.

 

En definitiva, la escucha activa nos permite empatizar, es decir, conectar con nuestro interlocutor.

 

Puede que lo anterior no os interese demasiado pero si escribo sobre ello, no es porque me dedique a la consultoría de clientes (donde tiene un interés evidente), sino porque creo sinceramente que desarrollar habilidades de escucha y empatía nos puede venir muy bien a todos en cualquier tipo de relación.

 

Eso si, tras la teoría queda en vuestra mano experimentar y comprobar si funciona o no. Todavía nadie cambió su vida tumbado en un sofá leyendo un libro.

 

FEBRERO 27, 2012  RUBEN

 

Licencia:

Licencia de Creative Commons

Esta obra http://marcaladiferencia.com/ está licenciada bajo la categoría Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

 

…………………………………………………

 

Fuente: Marca la diferencia 

Imagen: 4 temperamentos   

 

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En la Web:
- Myers Briggs: Guía completa de los tipos de personalidad
- Compaginador Del Temperamento De Keirsey 
- Archetypes at work
- Archetypes.Getting_Management_Buy-in_Report.pdf   
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Guía de conversación efectiva

Enviado por el 29/02/2012 a las 17:35
Manuel Gross

Guía para mantener una conversación efectiva 

  

miércoles 6 de octubre de 2010 - 

  

Como seres humanos usamos el habla para comunicarnos y generar (¡o destruir!) relaciones, para expresar nuestros deseos y frustraciones, para entender y entendernos, para coordinar acciones con otra persona. Sin embargo, en muy pocas oportunidades nos enseñan a mantener una conversación efectiva, a generar una situación en donde podamos expresarnos con claridad, podamos escuchar a nuestro interlocutor y entenderlo, podamos generar pedidos efectivos, negociar y, en última instancia, sacar el mejor provecho de la conversación.
En esta guía vamos a repasar una serie de pasos a tener en cuenta para cuando tengamos que encarar una conversación importante con alguien: con nuestro jefe, con un compañero de trabajo, con un amigo, con nuestra pareja.
Pasos para una conversación efectiva
1. Definir el objetivo
El primer paso para iniciar una conversación efectiva es personal, de forma privada, y se realiza antes de iniciar la conversación. Debemos definir el objetivo de la conversación, el motivo del porqué estamos conversando. Este paso, que parece evidente y obvio, muchas veces es pasado por alto, corriendo el grave riesgo de tener una conversación "a la deriva", sin rumbo, que no nos llegue a ningún lado. Peor aún, si no tenemos en claro nuestro objetivo, no será imposible negociar de forma efectiva cuando sea necesario hacerlo.
Es bueno recordarnos y aclarar en todo momento que el objetivo que pongamos, y nuestra forma de alcanzarlo, es solamente nuestra propia manera de ver las cosas. Esto nos permitirá estar abiertos a escuchar a nuestro interlocutor, entender su perspectiva, y buscar un acuerdo que le sirva a las dos partes.
Consejos clave:
    * ¿Para qué estás conversando?
    * ¿Qué quieres lograr?
    * ¿Cómo quieres que termina la conversación?
2. Definir el contexto
Tan importante como definir el objetivo es definir el contexto de la conversación, el lugar en dónde va a ocurrir. Elegir un mal lugar (ruidoso, con interrupciones) o un mal momento (justo después de una reunión "complicada") puede arruinar la conversación que tendremos.
Consejos clave:
    * ¿En qué día vas a conversar?
    * ¿En qué lugar?
    * Elegí un contexto ambiental y emocional óptimo
3. Compartir el objetivo
Ya con el objetivo y el contexto en claro, estamos listos para encarar la conversación. Y un excelente primer tema con el cual iniciar la charla es compartir nuestros objetivos, nuestras expectativas, lo que nos gustaría y no nos gustaría que ocurra. Este es un buen momento para establecer las condiciones sobre las cuales ocurrirá la conversación. Por ejemplo, si estamos frente a una persona que sabemos suele levantar la voz al enojarse, podemos pedir no levantar la voz durante esa conversación (buen consejo, incluirse a uno mismo dentro de este tipo de pedidos).
Consejos clave:
    * Compartí tu objetivo con la conversación
    * Compartí si hay algo que no te gustaría que ocurra (por ejemplo, no gritemos)
4. Explica tus juicios
A la conversación llegamos con juicios, nuestra interpretación y opinión sobre la realidad, sobre los hechos que ocurrieron. Sobre estos juicios evaluamos, actuamos y realizamos pedidos. Ante una conversación importante es fundamental tener en claro cuáles son nuestros juicios que están generando la conversación, y sobre qué hechos concretos se originan. Al compartir con el interlocutor nuestros juicios basados en hechos podremos entendernos con mucha más profundidad. Será el primer paso concreto para avanzar hacia un acuerdo.
Consejos clave:
    * ¿Cuáles fueron los acuerdos que a tu juicio no se cumplieron?
    * ¿Qué tendría que haber sucedido y no sucedió?
    * Si tienes esta conversación porque no te gusta algo, compartidlo.
5. Compartir tu emoción
Nuestra emoción afecta nuestra conversación y nuestra interpretación de las palabras del interlocutor. Debemos conocer cómo nos sentimos, en qué estado emocional nos encontramos para empezar a comprender cómo reaccionamos y reflexionamos sobre lo que ocurre. Mejor aún, podemos compartir nuestro estado emocional con el interlocutor, para que pueda entender con menos ambigüedad nuestro mensaje.
Consejos clave:
    * Expresa tu emoción. ¿Cómo te sentís?
6. Escuchar activamente
Una conversación no es un monólogo: es un intercambio de ideas, de opiniones. Entonces, no sólo debemos hablar sino, más importante quizás, debemos escuchar a nuestro interlocutor. La escucha activa demuestra respeto por el mundo del otro, interés por su forma de ver la realidad (aunque podamos no compartirla). Y no sólo debemos escuchar, sino también asegurarnos de haber escuchado bien, comprobando con preguntas si estamos entendiendo el punto de vista del otro.
Consejos clave:
    * Haz preguntas a tu interlocutor: ¿cuál es tu punto de vista sobre este tema? ¿Qué opinas de lo que digo?
    * Comprobar tu escucha.
7. Hacer pedidos
Los pedidos son la única forma que tenemos para coordinar acciones con otras personas. El gran problema ocurre cuando estos pedidos son vagos: pedidos que no son formulados como tal (y que por lo tanto pueden no ser interpretados como un pedido), pedidos que no tienen una fecha clara, ni la forma en la que vamos a evaluar el resultado. Los malos pedidos abundan, y nos generan deterioros en las relaciones que mantenemos. Debemos entonces ser responsables y hacer pedidos claros, concretos, acotados y medibles.
En todo momento recordar que estamos haciendo un pedido: podemos recibir tanto un sí como un no, y ambas son respuestas válidas (cuando no aceptamos un "no", estamos hablando de una exigencia y no de un pedido... ¡expresémosla como tal!). Más aún, debemos estar dispuestos a negociar, a buscar alternativas: si tenemos nuestro objetivo en claro, seguramente encontraremos muchos caminos para lograrlo.
Consejos clave:
    * Formula pedidos claros:
          o ¿Qué quieres que pase?
          o ¿De qué manera?
          o ¿Para cuándo?
          o ¿Cómo vas a evaluar el cumplimiento?
8. Comprobar la respuesta del interlocutor
Como vimos, un pedido tiene dos respuestas válidas: "si" y "no". En ambos casos, y como estamos realizando una escucha activa, debemos comprobar la respuesta que se nos dió al pedido: en el caso de que se acepte, verificar que se haya entendido realmente lo que queremos; en el caso que no se acepte, indagar las causas para poder iniciar una negociación. En todo momento debemos recordar que el interlocutor interpreta la situación desde su realidad; nos ayudará conocer su perspectiva para poder comunicarnos mejor.
Consejos clave:
    * Comprobar la respuesta a tu pedido.
    * Indaga, pregunta sobre la respuesta.
    * Comprobar lo que piensa tu interlocutor.
9. Negociar
Una conversación no es una imposición de nuestro punto de vista, sino un momento para entender la visión de nuestro interlocutor tratando de llegar a un acuerdo en el que ambas partes salgan beneficiadas. Es por esto que, teniendo en claro nuestro objetivo, debemos estar dispuestos y preparados para negociar. La negociación es una herramienta muy poderosa para acercar posiciones y lograr compromisos, por lo cual debemos tener presente el espacio de negociación que generamos con nuestras palabras.
Consejos clave:
    * Negocia por posiciones encontradas.
    * Negocia por conflictos que existan o surjan.
10. Establecer compromisos y acuerdos
Ya cerrando la conversación, debemos tener en claro que compromisos y acuerdos se generaron. Ambas partes deben entender las negociaciones que se llevaron a cabo y los pedidos que se generaron y aceptaron. Es el momento de acordar los pasos a seguir, la nueva relación que estamos generando, y el plan de acción para lograr lo acordado.
Consejos clave:
    * ¿Qué vamos a hacer de ahora en más?
    * ¿Cuál es el plan de acción para que ocurra lo acordado?
11. Aprendizaje
Terminada la reunión, todavía nos queda una tarea de suma importante: aprender del encuentro. Es un momento de reflexión para aprender qué cosas hicimos bien y qué cosas deberemos mejorar para conversaciones futuras. Además, podemos comprobar nuestro estado emocional al terminar la conversación, lo cual puede ser un buen indicativo sobre el éxito de la misma.
Consejos clave:
  • ¿Cuál fue el aprendizaje para ambas partes?
  • ¿Cómo nos vamos de la conversación?
  • ¿Con qué emoción nos retiramos?
  • ¿Qué conversaciones privadas (lo que nos contamos a nosotros mismos) tenemos?
Conclusión
Nadie nos suele enseñar a mantener conversaciones efectivas, y sin embargo son el medio por el cual construimos relaciones y alcanzamos metas. Mantener una conversación efectiva lleva muchos pasos y acciones de nuestra parte; nos puede servir como una guía para mantenernos en rumbo a conseguir nuestro objetivo. Más aún, al tener una guía concreta podemos luego revisar la conversación y aprender de nuestros errores, viendo en qué punto estuvimos más flojos.
Si bien sería bueno seguir esta guía en todas las conversaciones que tengamos, podemos empezar con aquellas conversaciones realmente importantes, como ayuda para prepararnos de antemano a la situación para poder aprovecharla al máximo.
Y debemos recordar que una buena relación no es una relación sin quiebres; es una relación que ha desarrollado la capacidad de emprender acciones que se ocupen en forma efectiva.
Fuente: DosIdeas

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