Por Aitor Calero García
Un Cafelito a las Once
Los cisnes negros eran totalmente desconocidos para la ciencia antes del siglo XIX. De hecho, se asumía como imposible la existencia de los mismos. Si tras cientos de años de observaciones de cisnes, nunca se había visto uno, la conclusión más razonable sería que no existían. Hasta que uno apareció. Como podéis ver en la foto, los cisnes negros existen.
Este es la pequeña anécdota que da comienzo a uno de los libros más relevantes que he leído últimamente, y que seguro que con el tiempo irá cobrando más importancia. El libro se llama El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable de Nassin Nicholas Taleb (versión original en Amazon, The Black Swan: Second Edition: The Impact of the Highly Improbable), a quien podéis seguir en Twitter como @nntaleb, y al que podéis encontrar en la página web Fooled By Randomness (el título en inglés de su primer libro que fue traducido como ¿Existe la Suerte? Las trampas del Azar).
Nassim aprendió desde muy joven y en sus propias carnes lo que eran los cisnes negros. Es de origen Libanés (o como el dice Levantino). El Líbano antes de los años 80 era la pancea de la mezcla de culturas y religiones, un lugar casi idílico en el que arropados por un benigno clima mediterráneo, la tolerancia y el respeto a las demás creencias y religiones hacía posible la coexistencia de musulmanes, cristianos y judíos. Pero todo eso cambió de forma repentina con la guerra del Líbano, cuyos coletazos siguen hoy en día. Nadie en el Líbano pudo predecir lo que iba a pasar. Tras cientos de años de coexistencia, el cisne negro apareció y se llevó el país por delante.
Pero ¿Qué es un cisne negro?
Un cisne negro es un evento altamente improbable que puede alterar por completo las experiencias de las observaciones pasadas.
Os pongo un ejemplo tipo anécdota, que nos contó uno de mis profesores de la universidad. Una de sus alumnas de doctorando, quería estudiar el efecto de las lluvias torrenciales y la erosión en la provincia de Almería. Para ello, había ideado unos cacharros, que se ponían en las laderas de las montañas, y se encargarían de recoger los sedimentos que arrastrara el agua. Solo tenía que esperar unas fuertes lluvias torrenciales y medir la arena en cada cacharro. De esta forma, tendría una estimación de la cantidad de erosión, es decir, lo que se llevaba por delante cada riada.
El caso es que las primeras lluvias torrenciales superaron todas las observaciones anteriores y todos sus cacharros se colapsaron. Supongo que la futura doctora, había basado la estimación de la capacidad de los ingenios, en las medidas de precipitación pasadas. No podía esperar que hubiera unas lluvias tan intensas. ¿Cuál fue su error? Suponer que la media de precipitaciones seguía una distribución normal (la famosa campana de Gauss). La realidad es mucho más compleja, y una sola observación (en su caso las primeras lluvias torrenciales), se llevó por delante todas las observaciones precedentes. Si la media de lluvias era de 300 mm anuales, en un solo día cayeron 600mm. Eso es un cisne negro.
La grandeza del libro de Taleb es que nos hace comprender que, eso que los humanos consideran excepciones, son realmente la norma y lo que nos debería hacer tomar las decisiones. Debemos estar preparados para los cisnes negros, porque con los métodos de los que disponemos y sobre los que está construida nuestra sociedad son como meteoritos indetectables.
El libro es de esos que más que una lectura, es una llave. Nos da las pistas para ir abriendo puertas que ni siquiera sabemos que existían. En mi opinión puede que sea, con el tiempo, uno de los libros de filosofía más influyentes.
Para Taleb hay dos tipos de paises conceptuales: Mediocristán y Extremistán. En el primero los sucesos siguen las reglas de la campana de Gauss, por ejemplo, las alturas o pesos de la población. Es imposible encontrar ser humano de 4 metros de altura, y aunque así fuera, su impacto en la media sería muy muy bajo. Sin embargo, en Extremistán se da el caso contrario. Una sola observación, cambia radicalmente la media de todas las observaciones previas. En la bolsa, una sola jornada de pérdidas, puede suponer acabar con los beneficios acumulados durante una década.
Es justo ahí, en la economía, donde Taleb se muestra más crítico y más irónico. Su argumento es sencillo, los modelos probabilísticos matemáticos de la economía y muchos de los economistas “nobeles” más influyentes no sirven. Su argumento es poderoso. La economía, es una actividad que se rige por las leyes del caos (pequeñas variaciones producen enormes impactos) y sobre la que es imposible, conocer todas las variables. Entra por tanto en el territorio de Extremistán. A lo sumo, lo que podemos hacer es blindarnos contra los riesgos ocultos de la economía y para ello toma como modelo a la naturaleza.
La naturaleza es caótica. Nos gusta ajustarla a principios regulares, y a causas y efectos concretos, pero la realidad lo desmiente día a día. No sabemos, y puede que nunca lo sepamos cuándo se va a producir un terremoto. Son millones las variables que podrían estar implicadas. Sin embargo, nos empeñamos en buscar siempre una explicación tipo causa - efecto para cualquier suceso, cuando es muy posible que no se pueda encontrar. Recientemente, Stephen Hawking ha afirmado que es físicamente posible que el universo se creara de la nada por generación espontánea. Es decir, sin causa aparente.
¿Y cómo sobrevivir en un universo dominado por los cisnes negros? Lo que ha hecho la vida y la naturaleza es blindarse ante estas situaciones imprevisibles. ¿Cómo? Con Redundancia y con simplicidad. Tendemos a entender la naturaleza como una maquinaria donde cada parte tiene una única función. No es así. Nuestros propios órganos son redundantes, y cumplen más de una función. La piel, nos protege del exterior, pero también regula la temperatura. Los riñones filtran y depura, pero también crean hormonas. El cerebro tiene cientos de funciones. Tenemos dos ojos, dos orejas, dos pulmones, dos riñones.
En términos informáticos, tenemos un backup para muchas funciones. Somos redundantes. La naturaleza es compleja en su conjunto, pero su equilibrio recae en muchas partes. Es decir, no hay un solo componente sin el que todo se vaya al garete. La vida en la Tierra no depende de una única especie. Son muchas las que lo hacen posible.
Pues bien, esto es justo lo que Taleb denuncia que no ha hecho nuestro sistema económico. Ha dejado de ser redundante y simple. ¿Qué ocurre cuando hay una gran fusión de compañías? Los famosos “campeones nacionales”. Muy simple, muchos puestos se consideran redundantes y se eliminan. Las compañías se quedan con un riñón en vez de dos. Por otro lado, su estructura se vuelve muy compleja y se agiganta. Y esto es muy peligroso para la sociedad, porque cada vez más, se depende de grandes actores cuyo colapso arrastra miles de puestos de trabajo y otras empresas pequeñas. ¿Os suena la película no? Exacto, Lehman Brothers y con el el sistema financiero mundial. Es decir, las compañías se están volviendo simples y por tanto, más expuestas al riesgo, y por otro lado el conjunto del sistema económico se está volviendo más dependiente de unas pocas compañías. El caldo de cultivo perfecto para que la aparición de un cisne negro, se lo lleve todo por delante.
Lo profético del caso, es que Taleb escribió el libro ANTES de la crisis financiera de 2008. En la edición que yo he leído, incluye un ensayo posterior a la crisis (de imprescindible lectura) en el que comenta que para él, la crisis del 2008 no fue un cisne negro. Ya sabía que algo así podía ocurrir. Bueno sí, eso dicen todos, estaréis pensando. Claro, pero Taleb trabaja con inversiones, y justo su modo de invertir y su experiencia con inversiones reales, fue lo que hizo que sus clientes estuvieran a salvo de la crisis. Esto no lo cuenta en el libro, pero se asume tras su lectura. Critica mucho a los teóricos que nunca han pisado la calle, y que tratan de explicar todo a través de la teoría.
Todo su planteamiento teórico se basa en hechos y observaciones de la vida real (lo que se conoce como empiricismo). Para ello cuenta un ejemplo muy elocuente. El de Fat Tony y un Empollón. Fat Tony es un jugador empedernido, y el Empollón un señorito con buena formación matemático-estadística. Tras tirar una moneda 7 veces al aire y salir 7 caras, se les pregunta a ambos, cual es la probabilidad de que salga otra cara en la siguiente tirada. El nerd dice, como es lógico (yo también lo hubiera dicho) que de un 50% (las 7 caras son una mera casualidad), pero Fat Tony, mas ducho en los tugurios de juego dice “un 100%” cara. ¿Cómo? Pues porque para Tony es obvio que la moneda está cargada. Es la experiencia y no la teoría estadística la que le ha llevado a esta correcta suposición.
Pero no todos los cisnes negros son necesariamente malos, y algunos se pueden aprovechar en nuestro beneficio, aunque es complicado y requiere de fortuna. Los sucesos de Extremistán se caracterizan porque tienen proporciones descontroladas o imprevistas. Dentro de esta categoría entran las ventas de libros, de música o algunas inversiones de riesgo. Para poder aprovechar los cisnes negros en nuestro beneficio, hay que saber cómo jugar su juego y esto se basa en dos principios. La serendipia y la famosa ley de Pareto:
- Serendipia. Se podría definir como el arte de hacer cosas sin importancia, casuales, sin ningún objetivo concreto a corto plazo, pero que pueden tener unos grandes beneficios. Por ejemplo, asistir a un curso de punto de cruz siendo economista, y acabar montando una ONG de ayuda a refugiados que hagan punto de cruz. El máximo exponente de este camino, creo yo, es Steve Jobs cuya trayectoria vital es todo un canto a la Serendipia.
- Ley de Pareto o uno de esos errores que comentemos en el trabajo. Un 20% de lo que hagas puede tener un impacto tremendo. Por tanto, busca siempre un 20% de riesgo, busca siempre en la serendipia sobre la base de ese 20%. Por ejemplo, si vas a ahorrar guarda el 80% de tu dinero a muy buen recaudo, se muy conservador, pero con el 20% restante invierte en, yo que sé, una nueva tienda online de venta de ropa interior de cuero en China o mejor que invertir en ladrillos, invierte en activos online. Cuanto más raro mejor. Las probabilidades serán bajas, pero los potenciales beneficios muy grandes.
Lecciones aprendidas: Estar preparado para los cisnes negros. Invertir a valores muy conservadores la mayor parte de dinero y a capital riesgo el resto. Esperar siempre beneficios inesperados y escalables. Quizá estéis pensando que todo esto está muy bien, pero YO NO SOY UN INVERSOR. Precisamente, lo que importa aquí no es qué hagas sino la estrategia. En tu vida o en tu carrera profesional, puedes aplicar estos principios.
Juega, investiga, haz cosas inesperadas, conoce a gente distinta, ve a eventos o fiestas a las que no hayas ido nunca, hazte voluntario en una ONG, en definitiva practica la serendipia. Luego, arriesga un poco, en algo muy diferente al resto ¿quieres ayudar a los demás? Empieza un proyecto de una escuela rural en Guatemala. Los beneficios, en este caso no necesariamente monetarios, pueden ser muy grandes.
¿Quiénes se han beneficiado de esta estrategia? Desde luego el propio autor de El Cisne Negro, pero ejemplos hay muchos. Steve Jobs, Tim Ferris, Karlos Arguiñano, Dan Brown… ¿Qué otros se os ocurren?
En un futuro post os contaré los 10 principios para protegerse en lo posible de los Cisnes Negros según Taleb.
¿Qué pensáis de esta idea de los cisnes negros? ¿Dónde habéis detectado su presencia? ¿Dónde se podrían dar y cómo nos podrían afectar, para lo bueno o para lo malo?
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Fuente: Un Cafelito a las Once
Imagen: Black swan
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- Las once ideas claves para pronosticar el futuro (John Naisbitt)
- Aprender a navegar la incertidumbre del futuro (Andrés Schuschny)
- El Pensamiento Probabilístico
- Roberto Bloch: El uso de la prospectiva para anticipar el futuro
En la web:
- Los 12 posibles cisnes negros para 2012
- No es bueno estar cerca de un proyecto Cisne Negro (Alejandro Barros)
- Reseña de El Cisne Negro (Carlos Arias)
- Cisnes Negros Digitales (Juan Carrión)
- El cisne negro (acercándose desde el horizonte) (Andrés Schuschny)
- El Futuro Ya No Es Lo Que Era (Marcelo Lasagna)
- Amalio Rey: Decálogo de actitudes para navegar en la complejidad
- Web de Nassim Nicholas Taleb [inglés]
- Nassim N. Taleb en Wikipedia [castellano]
- Nassim N. Taleb en Wikipedia [inglés]
- No puedes predecir quién cambiará el mundo (artículo de Nassim N. Taleb en inglés)
- Empirismo en Wikipedia [castellano]
- Extractos del anterior libro de Nassim Nicholas Taleb “Confundidos por el azar” [castellano]
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Salirse del pensamiento ortodoxo
La importancia estratégica de salirse del pensamiento ortodoxo
La Primera Guerra Mundial, fue una guerra “bisagra”, en ella se produjo un cambio fundamental en la forma de plantear las contiendas, se pasó de la guerra de “choque de masas” a la “guerra de estrategia”, se dejó atrás una forma de plantear las contiendas proveniente de siglos atrás, donde reinaba el orden, la caballerosidad y lo previsible.
Las estrategias de la mayoría de batallas planteadas durante la 1ª Guerra Mundial, llevaron a los contendientes al absurdo de la guerra de trincheras, donde el frente se mantenía inmóvil durante meses por la imposibilidad de avanzar, generando un gran número de bajas y estrategias de ataque infames. La famosa batalla de Caporetto, entre el bando italiano y el bando alemán, pasó a la historia por ser la primera que rompía la ortodoxia existente y donde el mando alemán decidió tener “pensamiento propio” en estrategia militar; después de varios meses de frente inmóvil, decidieron desbordar la trinchera italiana por los flancos, probando nuevas tácticas de infiltración ideadas por el general Oskar von Hutier, entrando tras las líneas italianas con gran facilidad y logrando un gran número de prisioneros.
Este hecho verídico, sirve de ejemplo para plantear la importancia estratégica de salirse del pensamiento ortodoxo en momentos de bloqueo e inmovilismo. Existen dos formas por las que llegamos a la anulación estratégica: cuando dejamos de aportar valor, o cuando nos igualamos en la excelencia ortodoxa conocida por todos. Ambas posiciones igualan a los competidores, detienen su avance y los deja sin energía. Al igual que la guerra de trincheras, los enfrenta en una situación absurda y desgastante, donde encontrar una mínima diferencia requiere mucho esfuerzo y a medio plazo, no conduce a ningún lugar.
Los conceptos de excelencia, la difusión de las técnicas de management, la alineación de las escuelas de negocio, el valor uniforme, los métodos de “el caso”, etc. han influido y uniformado a miles de ejecutivos en su línea de pensamiento, acción y performance. Podríamos afirmar que la alineación estratégica de la clase ejecutiva ha sido directamente proporcional a la anulación de su pensamiento propio y la desaparición de la ventaja competitiva individual.
El pensamiento alineado ha sido eficiente en un mundo donde los problemas eran previsibles y controlables; de este modo a una tipología de problema previamente identificado, correspondía una solución igualmente identificada. En un mundo de causa efecto, los que destacaban eran aquellos que más información sobre lo ocurrido previamente acumulaban y eran capaces de estructurarlo correctamente para la solución del problema planteado; aquel que disentía o se salía del sistema, era rechazado.
Hoy vivimos en un mundo que varía constantemente. Tomando como símil la teoría “del Cisne negro” de Nassim Nicholas Taleb que trata del impacto de lo altamente improbable, hemos pasado de un mundo en el que todos los cisnes eran blancos a uno donde los cines negros de la disrupción empiezan a ser habituales, y entramos en un mundo donde los cisnes mutarán constantemente de color y escenario.
De forma paradójica, en el momento donde más ejecutivos se forman a través de los masters y MBA’s utilizando los mismos métodos y casos, es cuando más necesitados estamos de ejecutivos de pensamiento independiente, propio y disruptivo.
No estoy renegando en este escrito, sobre el valor de una buena formación, lo que estoy reivindicando por encima de ella es la necesidad de inculcar a la clase ejecutiva la conveniencia de volver a disponer de un pensamiento propio y no unificado, de arriesgarse en la línea estratégica, de buscar nuevos y desconocidos caminos, de abrir nuevas vías de pensamiento para solucionar nuevos problemas.
Urge entrar de nuevo en una fase de pensamiento propio, en especial de los máximos responsables de las compañías; de igual modo urge reivindicar un planteo filosófico propio para las mismas: sin filosofía propia de compañía, no es posible pensamiento propio de sus integrantes.
En mis ponencias, no dejo escapar la oportunidad de reivindicar de nuevo la involucración de los primeros ejecutivos en la definición estratégica y conceptual del producto y/o servicio que comercializan o fabrican sus compañías; desde mi punto de vista éste es el máximo exponente de pensamiento propio de una compañía y sus ejecutivos.
¿Es posible la excelencia en producto si este es delegado a niveles inferiores del organigrama sin la visión estratégica de la compañía, por mucha preparación de que se disponga? Carece de lógica estratégica que un primer ejecutivo dedique más atención a aspectos como auditorías, logística, recursos humanos, etc. que al producto y servicio; al fin y al cabo es de lo que facturan y viven sus compañías y lo que los identifica en los mercados frente a los consumidores.
Aquellas empresas y ejecutivos que todos tenemos en mente y son referente del management mundial, ya no son los Lee Iacocca del mundo de la automoción, Thomas John Watson de IBM, o el más cercano López de Airotua en GM y Wolkswagen, todos ellos fueron referentes del management de la optimización de recursos; hoy son los Steve Jobs de Apple, Michael O’Leary de Ryanair, Richard Branson de Virgin, o los más cercanos Amancio Ortega de Inditex o Botín del Santander, todos ellos reconocidos por su capacidad de librepensadores empresariales y por su voluntad de avanzar con ideas y conceptos propios.
Entramos de nuevo en una época de pioneros librepensadores, ¡liberémonos de las estrategias unificadoras! e intentemos ser pensadores disruptivos, solo así encontraremos nuestro lugar en el mundo empresarial (y personal).
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